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martes, 15 de marzo de 2011

ENTREVISTA CON EL POETA NELSON ROMERO GUZMAN




Por William Geovany Rodríguez

Nelson Romero Guzmán es uno de los escritores  de poesía más destacados de nuestro país. Su oficio literario se nutre de una visión de mundo que ha logrado construir con sacrificio y humildad. En aras de acercarnos a su proceso creador, hemos conversado con este hombre amante de la literatura y candidato a Magíster en Literatura Latinoamericana de la Universidad Tecnológica de Pereira, en convenio con la Universidad del Tolima.

Willian Geovany Rodríguez Gutiérrez: ¿Cómo descubrió su vocación?

Nelson Romero Guzmán: De niño me gustó siempre leer, me aprendía de memoria algunos cuentos que traían las cartillas escolares. Pero en esta etapa de la vida todavía no tenía una consciencia de la escritura; esta empezó a tomar forma en la adolescencia más o menos a la edad de dieciséis o diecisiete años.

W.R.: Cuándo usted escribe, ¿cuál es su proceso creativo?

N.R.: Primero hay una idea central en un primer plano como la que me invadió hace ya varios meses, y es la de haber imaginado al filósofo Platón echándole fuego a la caverna; esa idea bastó para concebir la primera versión del proyecto de un libro –de la cual hace poco terminé con el título de “La risotada de Platón”- donde imagino a un Platón pirómano que de esta forma se despide de la caverna, de la filosofía, del mundo de las ideas, y esta imagen remite al proceso de evolución de la filosofía que en la modernidad ya no tiene su morada en el ser, al decir de Heidegger. Este es un libro con trasfondo filosófico, dominado por la alegoría de la caverna, a partir de lo cual se visiona lo poético. Pero este proyecto puede fracasar, como tantos otros.

W.R.: ¿Qué se debe tener en cuenta cuando se piensa escribir un libro de poesía”

N.R.: Cuando se va a escribir un libro de poesía tienes que tener en cuenta primero la parte auditiva; uno escribe no sólo con el lenguaje sino que antes del lenguaje está el sonido, la entonación de las palabras, de donde surge como la música de fondo del libro. Cuando ya el tono está  definido, apenas cuentas con la mitad del libro. A esto se une el ritmo y la respiración, sin lo cual su contenido no tendría la fuerza que exige el poema, para lograr sus efectos en un nivel poético.

W.R.: ¿Ha tenido en mente modelos literarios de escritores que quieres imitar?

N.R.: Yo creo que la propuesta literaria más importante ha sido la de la modernidad, donde predomina Baudelaire con su teoría estética, su monumental obra revolucionaria en el sentido estético, y con él todo el simbolismo francés, representado principalmente en Mallarmé. Las vanguardias de los primeros treinta años del siglo XX, a su vez, han sido como los modelos surgidos del proyecto de la modernidad en poesía y de ahí se desprende toda una corriente del lenguaje que permea, incluso, a los poetas más recientes. Yo bebo de esas fuentes.

W.R.: ¿Durante su carrera como escritor ha contado con algún mánager o agente literario?

NR.: Digamos que esa figura ya no es frecuente en nuestros tiempos y menos en poesía, ya que como género literario está muy al margen de otros como la novela, el cuento o el ensayo,  que alcanzan un mayor número de lectores. Pero tengo amigos que me estimulan constantemente, como el escritor Andrés Berger-Kiss, Juan Manuel Roca, Santiago Mutis o Gabriel Arturo Castro.

WR.: ¿Por qué es tan difícil publicar poesía en nuestro país?

N.R.: Considero que es difícil publicar poesía en el mundo en estos momentos, porque los editores no le apuestan a la edición de libros de poesía salvo los mismos poetas ya reconocidos en varias lenguas, que aún se siguen traduciendo y editando, entre los que se puede mencionar los libros de Pablo Neruda, Huidobro, Thomás Eliot, Benedetti,  porque son obras que ya tienen unos lectores asegurados, una tradición de comentaristas que los hace reconocibles por el grueso del  público. De resto, la poesía es como un monólogo.

W.R.: ¿De los premios que ha ganado cuál es el que más aprecia y por qué?

N.R.: Bueno, yo aprecio mucho el primer premio que gané, me refiero al Premio Nacional de Poesía Fernando Mejía Mejía obtenido en el año 1992, en Manizales. Lo aprecio porque fue el primer libro, era más inocente, había mucha más incertidumbre y para mí fue enorme la sorpresa de haberlo ganado, en medio de jurados destacados y de escritores consagrados que fueron por aquel entonces finalistas de ese premio.