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miércoles, 23 de febrero de 2011

TLON, UQBAR, DEL TERCER ORBE, de Jorge Luis Borges


Por Gabriel Arturo Castro

Todo gran poeta crea su mito, que las parodias descubren muy bien.
  André Malraux


Borges siempre  sugirió que el escritor intenta  crear una obra que exprese el universo y sólo expresa, en realidad, a sí mismo. Comienza negando los objetos, que sólo existen en la mente del sujeto y reduciéndolo a un cúmulo de sensaciones que se suceden. Por eso, afirma Ana María Barrenechea:  


En Tlon, Uqbar, Orbis Tertius -  donde ha invertido los modos mentales terrestres-  son formas ortodoxas de pensamiento la negación de la relación causal, la negación de los objetos y de su persistencia temporal, la negación de la individualidad. Y en cambio figuran como paradojas comparables en asombrosa extrañeza a las de Zenón de Elea, y aun como herejías, los carriles corrientes de nuestro pensamiento: persistencia de los objetos y del sujeto que los observa, relación causa – efecto, sintetizados en la aporía de las monedas perdidas y en las controversias que despierta.


Para Bajtin, la parodia implica una creación de un mundo al revés, pues hay una imitación consciente y voluntaria de un texto, en este caso una enciclopedia, para poner de relieve el alejamiento del modelo y su volteo crítico. Es una obra modelada sobre otra obra, pero con distinto sentido. Es el procedimiento literario que consiste en atribuir la obra a un supuesto autor, en este caso el volumen XXVI de la Enciclopedia, cuyas últimas 4 páginas constituyen una parcial imitación paródica:


El volumen que trajo Bioy era efectivamente el XXVI de la Anglo-American Cyclopaedia. En la falsa carátula y en el lomo, la indicación alfabética (Tor-Ups) era la de nuestro ejemplar, pero en vez de 917 páginas constaba de 921. Esas cuatro páginas adicionales comprendían el artículo sobre Uqbar; no previsto (como habrá advertido el autor) por la indicación alfabética. Comprobamos después que no hay otra diferencia entre los volúmenes. Los dos (según creo haber indicado) son reimpresiones de la décima Encyclopaedia Britannica. Bioy había adquirido su ejemplar en uno de tantos remates.


Se trata de un juego constante y creativo de Borges. Es como si Borges se desdoblara y ensayara frente a su yo dos vías o líneas, dos autores que le permiten un diálogo, interior y exterior, es decir, la forma como el uno se presenta y  asume al otro y se esclarece el saber constituido sobre la sociedad y la cultura.


Tlon, Uqbar, Orbis Tertius, un cuento-ensayo, hace parte de ese mundo especial con sus repeticiones y encadenamientos, juegos de ingenio, variedad de artilugios, sofismas y paradojas, donde por consecuencia el mundo exterior se desvanece y con él, el concepto de realidad como la confrontación del yo. Funda por lo tanto, la irrealidad, al voltear el signo de interpretación, al violentarlo simbólicamente como diría Foucault, al ponerlo en el juego interminable de espejos. Esta irrealidad es la única realidad  borgeana. “Escritor de la sospecha”, escéptico por convicción, Borges, desacraliza, desmitifica los mitos tradicionales que asumen nuevas formas y se alejan de las verdades históricas. La ficción quedará libre del peso y marco exterior. Los conceptos férreos se disuelven, el pensamiento se descentra, las creencias y la fe preexistente en el cosmos, el hombre sagrado, el tiempo, la personalidad, la mímesis, la representación. La ficción sería algo más que la inventiva para justificar una frase; es la denuncia de los sofismas creados que fundan vanas ilusiones, como si la fantasía no tuviera la base en una realidad y la metáfora sólo fuera un artificio más.


Se trata de la lectura de “historias ajenas”,  fingiendo ser “falsificadas”, una especie de memoria lecto-escritural que transpone los textos que se renuevan continuamente de sentido en el uso de temas, motivos y formas, hecho innovador en la operación literaria.


 Lo anterior se hace efectivo cuando el narrador borgiano realiza la reseña y el comentario del libro o tomo de la enciclopedia encontrada, mixtura de síntesis de opiniones y puntos de vista sobre ella. La ficción de Borges resulta de ese entretejido de interpolaciones o transposiciones de la literatura existente, real o imaginaria pero pre-existente, la cual glosa, traduce, explica o interpreta, propone observaciones, nos remite a otros textos. La enciclopedia aquí se porta como un objeto mágico que procura, genera o desata la posibilidad de traducción, donde el narrador se identifica con el autor. Borges nos da su versión recurriendo a la alusión, autocita y traducción, y como aborrece los límites y ama la contaminación de los géneros, nos ofrece un cuento-ensayo a través de la pesquisa del tema y la historia que propone, la tarea del investigador y del lector de biblioteca, la traducción de sí mismo, Borges como modelo inacabado de sí mismo, objeto de búsqueda de interpretaciones inacabadas, inagotables, laberínticas, la versión de la versión siempre cambiante e inestable, en eterna metamorfosis.


A propósito, Rafael Gutiérrez Girardot sostiene que en el cuento referido, Borges cita toda una ficticia metafísica, una geografía, una teoría del lenguaje y toda una cultura:


Cita cosas singulares y maravillosas, pero ellas lo son por el contexto, no porque en sí tengan esas características. Citas ficticias de ideas donde Borges aduce testigos reales para hacer más asombrosa la singularidad de un planeta del que también otros han tenido noticias; otros, esto es, testigos de una realidad, no sólo percibidores imaginarios de un asombro. Borges no invoca autoridades, ni pretende dar testimonio de un conocimiento, más sí de un saber.


El sentido paradójico es que ese mundo hallado por Borges lector en el tomo encontrado, es como el mundo conocido, pero con sus singulares diferencias que lo hacen totalmente distinto. La ficción convierte a la realidad en una parodia de sus pretensiones y a la vez es un medio lúdico e irónico que sugiere que “el apoyo y el fundamento de toda pretensión es frágil, hasta ridículo y vano”.


Todo lo que pasa en  el cuento de Tlon es imprevisible, es su primera cualidad. El autor referencia a otros y se autoreferencia a sí mismo con la mayor constancia. Inicia y culmina el relato con referencias a frases de otros, las cuales involucran discursos: “Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar”; “Yo no hago caso, yo sigo revisando en los quietos días del hotel de –Adrogué una indecisa traducción quevediana (que no pienso dar a la imprenta) del Urn Burial de Browne”.
Lectura e ignorancia de textos que conoce, he ahí otra vertiente de la paradoja borgiana, “alianza de palabras, el artificio del lenguaje por medio del cual ideas y palabras, que de ordinario se oponen y contradicen entre sí, llegan a acercarse y combinarse de tal manera que sorprenden la inteligencia”, según Pierre Fontanier.


Son las contrariedades de un mundo al revés o las regiones imaginarias de Tlon, donde un libro que no incluyera su contra libro se consideraría incompleto, ello visto en el universo de Borges, un mundo erigido por mecanismos de contradicción. El concepto está dividido, todo se mueve por oposiciones internas, los significados son contrarios y los sentidos diversos, opuestos, tensiones enfrentadas, paradojas de identidad y diferencia.


La narración borgiana, por lo tanto, según Arturo Marcelo Pascual, que podría ser un imaginativo artificio inspirado por la filosofía, le convierte en un inquietante relato fantástico, cuando se sugiere que la misteriosa empresa denominada  Orbis Tertius, se propone conquistar la Tierra.  Aquí Borges sugiere que la  filosofía es una rama de la literatura fantástica, porque sólo con el uso de la imaginación es posible pensar problemas propios de la filosofía, aparentemente sólo accesibles al concepto y a la argumentación lógica.


No olvidemos que ha sido función de la literatura fantástica la remitificación o desmitificación y la revelación, un rechazo a las fuerzas reprimidas por el triunfo del racionalismo a través de la anticipación del tiempo, el descubrimiento de la cara oculta que se esconde detrás de la apariencia, valiéndose de un lenguaje mítico de imágenes y símbolos.


En Tlon el juego y la ironía modifican la dimensión filosófica a favor de la recreación ficcional, de la poesía y la fábula. Borges  es un Homo Ludens que desconfía de todo sistema, el escéptico por excelencia, quien más que la teoría veía la obra filosófica como un texto con posibilidades estéticas y estilísticas. Es el provecho literario de la filosofía, como en el ejemplo de Tlon, Uqbar, Orbis Tertius, donde están ocultas  y entramadas las teorías de Zenón de Elea, autor de de famosos argumentos contra la posibilidad del movimiento y  la pluralidad), y Berkeley, quien negó la existencia de la materia, reduciendo los objetos externos a simples acumulaciones de ideas en la conciencia. La realidad material, de esta manera, depende únicamente de nuestra percepción.


Si para Aristóteles la filosofía nace de la admiración, del asombro, el laberinto es en síntesis una metáfora de ese asombro. El esfuerzo de comprender produce el vértigo, que sólo se supera interiorizando la paradoja y llevando hasta las últimas consecuencias las teorías de Berkeley, pero asumidas desde las metáforas, interrogando dicha concepción metafísica,  alejándose de la certeza que un día le sirvió de base al realismo, su afán de verosimilitud, representatividad o veracidad de realidades externas.


Si Óscar Wilde afirma que “la imaginación imita y el espíritu crítico inventa”, Borges, por su parte,  acusa, de manera aguda y lúcida,  al idealismo de no causar la menor convicción: “Ese dictamen es del todo verídico en su aplicación a la Tierra; del todo falso en Tlon. Las naciones de ese planeta son congénitamente idealistas. Su lenguaje y las derivaciones de su lenguaje –la religión, las letras, la metafísica- presuponen el idealismo”. Más adelante sostiene que el Onceno Tomo de la enciclopedia deja entender que tres razones capiteles determinaron la victoria total de ese panteísmo idealista: “La primera, el repudio al solipsismo; la segunda, la posibilidad de conservar la base psicológica de las ciencias; la tercera, la posibilidad de conservar el culto de los dioses”. Y más adelante es enfático: “Siglos y siglos de idealismo no han dejado de influir en la realidad”.


Las ideas en Tlon han sido deformadas al punto que son esa parodia del idealismo, ante lo cual  introduce ideas ambivalentes de signos invertidos, descubriendo la relatividad de los valores y la falsa universalidad de la cultura, además de transmitir la incomodidad del narrador al desposeerse de lo que era suyo, la consternación del narrador que siente que su mundo cotidiano, su pasado y el de sus antepasados se está escapando, de acuerdo con Mary Lusky Friedman.


Borges participa en la transformación radical de la visión del mundo, de la relación del hombre con Dios, del universo, con los semejantes, frente al idealismo que perdura y la herencia de la Ilustración, su actitud totalitarista que no admitía la paradoja, ni el mundo afectivo, la intuición, el afecto, el dolor, la diferencia, las verdades individuales. Pero Borges nos va a mostrar en Tlon el máximo proyecto de la Ilustración: la Enciclopedia, recopilación y ordenación del mundo, reducción del mundo a las definiciones, a los axiomas, los postulados y proposiciones con valores de verdad. La idea del origen progresista de la Enciclopedia aquí es revaluada, porque el autor le confiere a ella la sensación de un universo frío y abstracto, la suma de fenómenos catalogables, fría conciencia de la vida, fría objetividad que se opone a la  otra existencia, la de la subjetividad, la magia, la mística, el simbolismo, la expresión artística. Es aquí, en el plano de la literatura, que Borges tiene la intención secreta de volver al umbral de la creencia y la fe, pues su ficción es una lucha contra el tiempo, contra la muerte, valiéndose del mito y el arte. Literatura de trasgresión, inteligencia y lucidez que nos revela a nosotros mismos como lectores y nos distancia con asombro de las certezas del mundo objetivo, del cual ya dudamos y ponemos en tela de juicio. El escepticismo de Borges triunfa y su ruptura con el mundo por medio del drama mítico de la historia del hombre.


Trasgresión de los límites del texto, el mismo autor plantea  al principio del cuento una conversación con su amigo Bioy Casares, donde se le exige tácitamente participar al lector en la interpretación y asumir, por lo tanto, una percepción y actitud crítica:


Bioy Casares había cenado conmigo esa noche y nos demoró una vasta polémica sobre la ejecución de una novela en primera persona, cuyo narrador omitiera o desfigurara los hechos e incurriera en diversas contradicciones, que permitieran a unos pocos lectores –a muy pocos lectores- la adivinación de una realidad atroz o banal.


Nótese que Borges hace énfasis en la desfiguración u omisión de los hechos y su posterior adivinación por muy pocos lectores, lo cual indica que tal  interpretación  no es para todos y tal vez dependiera del dominio o competencia de cada cual. Porque los lectores de Borges deben ser críticos, lectores-escritores, reflexivos e imaginativos, con la misma capacidad del autor para alterar el discurso, admitir las voces, discutir la obra o comentar una que no existe. Borges lo sentenció: “Ahora no definimos cada hecho que enciende nuestro canto; lo ciframos en una sola palabra que es la Palabra”.