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martes, 2 de febrero de 2010

EL POEMA DIFICIL / Daniel Padilla


Por: Daniel Padilla

Se sabe que la suma de todos los matices del espectro cromático produce a su vez el color negro, emblema de la noche, de los abismos, y del interior humano en cuyo fondo se fermenta lo que no sin cierta desconfianza podríamos calificar de “realidad”. Por tanto, puede decirse que la realidad es inmanente al núcleo más insondable del ser, como un tronco que se desarrolla naturalmente a partir de su propia raíz.

En el difícil arte de atravesar el laberinto de segundos que conocemos como existencia, las cosas —esos frutos del árbol de la realidad que hunde sus raíces hasta la médula en el alma— adornan las paredes de los enrevesados pasadizos del tiempo para conducirnos sin remedio al umbral donde nos espera un héroe con cara de monstruo, o un cornudo espejo sonriente. ¿Somos víctimas propiciatorias, tributo de los vencidos, o tan solo criaturas deformes, prueba de la imperfección divina?

No obstante, cada tanto una grieta en el empapelado de azogue nos permite vislumbrar un paisaje familiarmente ajeno, territorio más allá de nosotros mismos que se nos antoja inalcanzable, pero que nos inquieta con la convicción de que también nos pertenece o por lo menos que alguna vez lo habitamos, desnudos y descalzos, acaso más acá de nuestros ojos.

Es un bosque húmedo y oscuro que se dibuja en la mirada y huele a río, a sudor animal, a combinación alquímica. La luz no lo penetra todavía y el camino que se abre ante nosotros es pedregoso y esquivo. Es preciso nombrarlo, ir allanando el sendero con palabras —esos sonidos que hacen florecer cosas a la velocidad del pensamiento— para que las siluetas cobren verdadera sustancia y profundidad. Menester es que el visitante también se sienta un poco “real”, pues no está hollando otra geografía que la propia, el espacio más íntimo de su ser.

René Char, el vigoroso herrero ha lanzado un poema contra el vidrio y desde esa ruptura espiamos. Vale lo mismo decir un guijarro atravesado en la luz de neón, un farol herido, una retina que sangra… El poema difícil, henchido de empeño, de silencios y angustias nace de su mano —que imagino callosa, cóncava y gigantesca— como el primer deshielo de la primavera. La gota inicial cae con el estruendo de una epifanía: la realidad se antoja “tan enigmática y fulminante” como la imaginación. La poesía es esa realidad real, “dilatada”, “donde se tocan a veces las manos de los vivos y de los muertos”.

Si admitimos que la poesía es otra manera de conocer, René Char, practicante de esa “dura y exigente inmersión en la realidad” nos demuestra con vehemencia que la suya es, simultáneamente, frontera y vacío, sueño lleno de fantasmas, máscara de Adán, carbón rojo y mano en carne viva. De sus poemas surge una ausencia palpable que nos reclama, con un puñado de rudos versos como posible pasaporte hacia nuestra más fecunda y oscura plenitud.    


POEMAS DE RENÈ CHAR

(L'Isle-sur-la-Sorgue, 1907 - París, 1988) Poeta francés. Vinculado al grupo surrealista desde 1930, a partir de 1934 comenzó a distanciarse del surrealismo, aunque sin romper del todo los lazos que le unían a los integrantes del movimiento. Durante la Segunda Guerra Mundial combatió en la resistencia. Su comarca natal y su experiencia en la guerra tuvieron un peso importante en la temática de su obra.

Después de completar su educación en la Provenza francesa, donde nació, Char se trasladó a París a finales de la década de los veinte. Allí hizo amistad con A. Breton, René Crevel y L. Aragon, y escribió sobre su tierra natal. En 1930 firmó el segundo manifiesto surrealista junto con A. Breton y P. Éluard y colaboró en la obra de este último Morir de no Morir (1924).

Su figura como autor tardó en tomar forma debido a la dispersión de sus exiguas aportaciones en plaquettes, que a menudo no fueron puestas a la venta, y por el desconcierto que provocaron sus primeras obras. Hasta 1945, con El martillo sin dueño, no se reunió la parte principal de su obra ya publicada. En este volumen se recogen Arsenal (1929), Artine (1930), L´action de la justice est éteinte (1931), Le marteau sans maître (1934), que da título a la recopilación y Moulin premier (1939).

Char es un poeta difícil, conciso hasta lo hermético; se caracteriza por pequeñas o minúsculas composiciones en verso o en prosa, que a menudo podrían definirse como criptogramas líricos muy sugestivos, breves y austeros informes de pequeñas experiencias. Furor y misterio agrupa su obra poética entre 1938 y 1947, publicada en Solos permanecen (1945), Hojas de Hipnos (1946), Los leales adversarios (1947), El poema pulverizado (1947) y Fontana Narrativa.



POR QUÉ LA JORNADA VUELA

El poeta se apoya, durante el tiempo de su vida,
en algún árbol, o en el mar, o en el talud, o en un
determinado color de nube, por un momento, si así
lo quiere la circunstancia. Su amor, su sorprender, su
felicidad tienen su equivalente en todos los lugares a
los que nunca fue, a los que nunca irá, entre los
extraños a quienes no conocerá. Cuando se levanta
la voz en su presencia, y se le apremia a aceptar
miramientos que retardan, si a propósito de él se
invoca a los astros, responde que es del país de al
lado, del cielo que acaba de hundirse.
El poeta vivifica, corre luego al desenlace.
Al atardecer, pese a algunos hoyuelos de aprendiz
de la mejilla, es un caminante cortés que precipita
las despedidas para estar presente cuando el pan sale
del horno.




DESHERENCIA


Antigua era la noche
Cuando la entreabrió el fuego.
Igualmente mi casa.

No se mata a la rosa
En las guerras del cielo.
Destierran a una lira.

Mi pena persistente
De una nube de nieve
Gana un lago de sangre.
La crueldad ama vivir.

Oh fuente que mentiste
A nuestros destinos gemelos,
Del lobo trazaré
Este único retrato pensativo.



LA UNA Y LA OTRA

¿Por qué has de mecerte sin fin, rosal, con larga

lluvia, con tu doble rosa?

Como dos avispas maduras quedan sin vuelo.

Las veo con mi corazón, pues mis ojos están

cerrados.

Por encima de las flores mi amor no ha dejado sino
viento y nube.





LOS SOLES CANOROS

La desapariciones inexplicables
Los accidentes imprevisibles
Los infortunios quizá excesivos
Las catástrofes de todo orden
Los cataclismos que ahogan y carbonizan
El suicidio considerado crimen
Los degenerados intratables
Los que se enrollan en la cabeza un delantal
de herrero
Los ingenuos de primera magnitud
Los que colocan el féretro de su madre
en el fondo de un pozo
Los cerebros incultos
Los sesos de cuero
Los que ivernan en el hospital y conservan la embriaguez
de las ropas desgarradas
La malva de las prisiones
La ortiga de las prisiones
La higuera nodriza de ruinas
Los silenciosos incurables
Los que canalizan la espuma del mundo subterráneo
Los enamorados en éxtasis
Los poetas excavadores
Los que asesinan a los huérfanos tocando el clarín
Los magos de la espiga
Imperan temperatura benigna alrededor de los
sudorosos embalsamados del trabajo.



PÀGINA EN BLANCO

              
              El mármol               de los palacios es hoy más duro que el sol
              Primera proposición
            
              La segunda es algo menos estúpida
              El ayuno de los vampiros tendrá como consecuencia la sed que
             alienta la sangre de ser               bebida
              La sed que tiene la sangre de desposar la forma de los arroyos
              La sed que tiene la sangre de brotar en los lugares desiertos
              La sed que tiene la sangre del agua fresca del cuchillo
            
              El cuerpo y el alma se reúnen en un abrazo
            
              Tercera proposición ésta de carácter deshonesto
              Porque el cuerpo y el alma se comprometen juntos
              Porque se sirven de excusa el uno al otro
                   


          
              BAJO PALABRA
              
              Hay                             llamas
              Más vistosas que las manos que hacen rodar las pesadillas
              Sobre la memoria
            
              Se llega al sol por encantamiento
              El amor tiene un acentuado sabor a vidrio
              Es el coral que surge del mar
              Es el perfume desaparecido que vuelve al bosque
                            Es la transparencia que paga su deuda
              Es siempre esa cabeza
              De labios deliciosamente entreabiertos
              De este lado del muro
              Y del otro lado quizás en la punta de una pica



AMO, CAPTURO Y RESTITUYO

¿Buscáis mi punto débil, mi fallo?
¿Su descubrimiento os permitirá tenerme a vuestra merced?
¿No ves, agresor, que soy un cedazo y que vuestro
menguado cerebro se seca entre la espiración de mis rayos?

No tengo ni calor ni frío: gobierno.

Sin embargo, no acerquéis demasiado la mano al cetro de mi poder.
Él hiela, quema… Alteraríais su sensación.

Amo, capturo y restituyo a alguien.

Soy dardo y abrevo de luz al prisionero de la flor.
Tales son mis contradicciones, mis servicios.

En aquel entonces sonreía al mundo y el mundo me sonreía.

En aquel entonces que nunca fue y que leo en el polvo.

Quienes miran sufrir al león en su jaula se pudren en la memoria del león.


A un rey a quien da alcance un corredor de quimera le deseo la muerte.

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*Daniel Padilla es presentado por el también poeta y ensayista Gabriel Arturo Castro, permanente animador de esta bitácora. Castro Morales, como lo saben los lectores, es poeta, ensayista, tallerista y dueño un humor cargado de una profunda ironía.  Ha sido ganador de varios premios nacionales de poesía, el más reciente el PORFIRIO BARBA JACOB con el libro "Tras la huella de Job". Colaborador de otros medios escritos donde publica ensayos, reseñas y opiniones diversas sobre el quehacer poético nacional.