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lunes, 25 de agosto de 2008

PADRE NUESTROS PROFANOS / Hernando Ardila


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Por Claudio Anaya

El poeta santandereano Hernando Ardila, nos presenta un libro de poemas de profunda vocación social, en donde, apoyándose en referentes históricos y culturales como la Biblia, la historia, la constitución y otras coordenadas de la cultura universal, explora con sentido crítico al actual sistema económico y social. Juega o experimenta de manera desenfadada con esos conceptos, para finalmente sorprender, al contarnos que la anécdota ha terminado con lo que creíamos que iniciaba, como al final de su poema Génesis:
“ Al final,
el oro hizo al hombre y al hambre
homo hominis lupus…
y a Dios, a su imagen y semejanza”.
Se percibe también en algunos poemas de Hernando Ardila, un regusto por el humor. Poemas como Zoom politicom:
(Dios los crea… ellos un día se juntarán)
El hombre es un ser social por naturaleza: Aristóteles.
Y le dijo el padre:
“tráeme un hombresolo”
el hijo regresó
trayéndole…
una muchedumbre.
poemas que aparentemente son un juego con el absurdo y lo sorpresivo, no se quedan en el humor ni en el juego de los contrasentidos y la experimentación, al empalmar dos situaciones o factores que nada tienen que ver, para de ahí sorprender al lector con la nueva significación o escena que surja de este encuentro.
Hágase… páguese
(Midas se aprovechó de todo cuanto dijo el señor)
Dios dijo:
“hágase la luz”
¡ella alumbró para todos por igual!
Luego,
Edison la atrapó patentándola suya
Phillips, en oro la convirtió
nuevo Dios…
Faber dijo:
“brille para todos la luz perpetua”
La multitud en silencio coreo:
Que Dios nos saque de penas
la luz
no se puede ir a pagar.
No solamente eso. Este libro tiene implícita una actitud que para no llamar de esperanza, menciono como de persistencia y avance, tal vez de confianza en ese mundo que él quiere refundar con su nueva narración del mundo y la cultura.
El poema Tanto y nada es un descarnado diagnóstico desde la realidad de las calles de las ciudades colombianas, donde la brutal presencia de las condiciones actuales, descalifica cualquier argumentación apoyada en la propaganda política y hasta en lo jurídico.
Otro rasgo es el tono de marcada tendencia épica, con el cual canta y cuenta sobre las diferentes culturas latinoamericanas, hermanándolas al mencionar sus rasgos y diferencias, uniéndolas al visualizar para ellas un destino común, derivado de las actuales condiciones políticas. Y es así como Hernando Ardila retoma la vieja bandera de un debate ya olvidado: el papel del intelectual y el artista, en la transformación y liberación de la sociedad.
Debate que tuvo vigencia de los años sesenta a mediados de los ochenta, aproximadamente, y que de ahí hacia acá prácticamente nadie ha dicho ni pío al respecto. Y el intelectual que era visto con desconfianza por el poder, prácticamente desapareció de los escenarios públicos (con algunas excepciones gracias a los dioses y los mortales) y fueron reemplazados por una granizada de artistas lacayos, burocratizados por una ley de cultura que acabó por pauperizarlos en muchos aspectos.
Hernando Ardila entiende la creación artística y la poesía, como un importante ámbito a través del cual se posibilita la creación de conciencia en los individuos y de ahí la transformación de la sociedad y del mundo. Es una vieja utopía que renace, precisamente ahora, cuando más turbias y oscuras son las condiciones políticas, sociales y culturales en Colombia; situación agravada por la ignorancia y el desparpajo con los cuales la gran mayoría de los compatriotas mira y deja hacer, marginándose del debate y pensando que la obediencia, la resignación o el mimetismo con el régimen, contribuyen a depurar nuestra democracia.
Traición
Mateo 10 -14, contextualizado por Nando 8 - 21
No…
Jodas,
¿por un peso entregas
al hijo del hambre?

Claudio Anaya
Escritor, tallerista y dibujante santandereano

domingo, 24 de agosto de 2008

POEMAS DE LEÓN DARIO GIL RAMÍREZ



DIMINUTA SOLEDAD


Entre las miles de sus hordas sería otra más.
Sola, es una, no más una: una migaja mágica con patas.
Qué racha de suerte negra
qué hados
qué lío con sus congéneres la extravió del camino
huyendo de un ultraje
persiguiendo un ilusivo instinto
o va gastando la postrera ración de su esperanza.
Trasponiendo escollos, regodeando charcos,
arriesgando abismos o peñascos,
impetuosa dilucidando grietas o cavernas.
Ni la tierra ni el sol
ni el hombre que la ojea
caben en sus minúsculas creencias.
Ni es nada, ni es sombra la sombra que la abruma
Y no es árbol:
es destino el árbol que trajina.
Ha llegado a la casa
si, buscándola, cualquier azar la destripa.
hojasanchas@hotmail.com



LA A




En la tierra, en el mar, está en el aire;
en el fuego le arde en las llamas.
Atildada está en el árbol. Sin falta en las corolas de las flores.
No la lleva la sed. Dos veces la lleva el agua que la sacia.
Por ella empieza el amor y acaba la tristeza.
Al principio está y al fin de la alegría.
En la pura mitad del corazón se planta.
No la trae el ruiseñor pero la vuela y la canta.
El tren la tiene en los vagones. El botón en el ojal.
El tigre en las garras y en las rayas que lo amagian.

Se balbucea en la sílaba primera de la vida.

Arrulla en las nanas.
En la letra, en la palabra, va en la frase.
Encabezando campante el alfabeto.
Por miles se cuenta metida entre solapas.
Con la S, su vecina, es la tecla del teclado más tecleada.
No tiene sonido en el silencio.
Tres veces suena rotunda en la campana.
Se asoma donde termina la ventana.
Duplicada la ostenta la Ana en la diadema.
Es mujer aunque en mujer no vaya.
Ni en el viento ni en la nube;
sólo si el viento es ventarrón y es nubarrón la nube.
El pobre la carga en la pobreza.
Es la única vocal que necesita el alma.
Del uno al diez sólo en el cuatro se resguarda.
El crepúsculo poético la omite;
a la sombra de su T la luce la prosaica tarde.
En Dios no está que está en todas partes
ni en el sinónimo del mundo que es el universo
pero es una certeza en la migaja, en una hormiga,
en los arabescos, en la nada, en cualquier cosa.
En Aracataca engloriada se enfiesta.
La conjuraron los magos en abracadabra.
Le falta al norte al sur al occidente y al oriente;
la misteriosa brújula la tiene
y la tiene la aguja que tirita en su cuadrante.
En el desierto falla pero está presente en cada arena que lo abruma.
Y un beso no es un beso si no lo da la boca.
Desapercibida viaja en el barco con la B correcta,
un poquito apenada en el varco con la V chiquita.
No aparece en el robo. En el ladrón sí y en lo robado.
En las alas de todo lo que vuela,
en las patas de todo lo que anda.
En la cola está de la esperanza,
está en la cola de la zeta.

hojasanchas@hotmail.com