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lunes, 15 de diciembre de 2008

POR LA REIVINDICACION DEL CUERPO Y LA PALABRA


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Reseña sobre la Obra Poética de Antonio Acevedo Linares

Por HERNANDO ARDILA GONZALEZ *

Presentar éste libro que compendia el trasegar de Antonio Acevedo Linares por el mundo de las letras, no puede menos que ser un privilegio y un fuerte compromiso.
Es un compromiso de quien como él, creo en la fuerza de la palabra y la misión de quien la hace. Pero no las palabras y frases de ininteligible maraña para llenar los vacíos de un papel, una hoja en blanco son tan sagradas que ya lo dijo Jaime Sabines refiriéndose a ella; “es como una mujer desnuda esperándonos”, y vaya que para el caso si que viene como anillo al dedo ésta sentencia poética, pues Antonio al enfrentar la petición, la llamada urgente que el destino hace, convierte su escritura un acto de amor y de pasión, seducido por la magia de su diosa y cómplice Afrodita, aunque en honor no es ni mucho menos el límite de su obra, pues es infinito su universo de temas.
Al leer la obra de Antonio Acevedo L, hice remembranza de los versos de Sabines, y concluyo que en los dos el éxtasis ante la bella mujer desnuda, el papel en blanco, no hay duda que les provoca orgasmos de tintas con los que sus erectas plumas, preñan los folios para hacerle parir ensoñaciones que marcan a los corazones deambulantes que pacen desesperanzados por éste valle de lágrimas.
“Recuerdo que recuerdo su nombre
sus labios, su transparente falda
tiene los pechos dulces, y de un lugar
a otro de su cuerpo hay una gran distancia
de pezón a pezón cien labios y una hora”
Jaime Sabines
Recuento de Poemas
1950 – 1993
“En un lugar de tu cuerpo
de cuyo nombre quiero acordarme
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Cuando hundas los pómulos en la
almohada y los senos desnudos
Antonio Acevedo Linares
Arte Poética 1988
He aquí ante nuestras ávidas fantasías posibles de realidad si se incorporan al cuerpo a través de nuestro radar ocular extasiado por dos gotas de poesía transparente, aunque distantes en el tiempo, 1950, Sabines, 1988, Acevedo, aunque distantes en el espacio, México, Sabines, Colombia, Acevedo, esos versos, por solo referir un pequeño grandioso ejemplo, son dos gotas de agua cargadas de poesía provocada por la pasión que nos produce recorrer el nacarado paisaje de la diosa del amor.
Entonces pudiéramos decir, que Afrodita atemporal y universal, en Sabines y en Acevedo, tiene dos amantes evidentes que no ocupan el banco de suplentes, sino que son de lejos titulares por mérito que a diario le hacen goles de frente a Hefestos, a quien imagino provocado de lanzarle centellas sobre todo al nuestro.
Anastassia Espinel, la hermosa historiadora y escritora rusa que ancló su nave vital en nuestro puerto comunero refirió al prologar éste compendio del poeta en escenario, hace saber qué poeta no ha sido seducido por la promiscua soberana del placer que por no calentar las sábanas del dios mayor del Olimpo, Zeus fue condenada a desposarse con el hacedor de rayos para su jefecito todopoderoso, que así le premió su artesanía. Afrodita se cobra su propia factura dándose a la pluralidad de amantes que la escritora llama a lista: Ares, Hermes, Dionisos, Adonis y Anquises.
Los maestros Anastassia, en el presente compendio, Hugo Caicedo (qepd), en Arte Erótica, José Ortega Moreno, en Los Girasoles de Van Gogh, Guillermo Reyes Jurado en Atlántica, Julio César Correa, Miguel Ángel Pérez Ordóñez y Claudio Anaya, En el País de las Mariposas, todas obras del maestro Antonio Acevedo L, lo ensayan desde sus erudiciones que le ha dado tanto acumulado literario ya por la obra de cada uno o las sin duda profusas lecturas de tanto y tan buenos autores ya nuestros o de allende las fronteras.
Yo en verdad, lo reconozco, ¡no doy para tanto! cuando Antonio en un arrebato de poeta frente a las Cariátides de nuestro recinto de justicia, ahora adornado por las luces que a veces falta tanto en algunos de sus residentes bien remunerados y poco comprometidos, me pidió que hoy presentara su libro de reseñas de su obra poética, si bien es cierto en Perú tuve la honrosa primera vez, me sentí en trance por la responsabilidad de espantar la cortesía que en el escenario Inca hiciera, la responsabilidad de lo objetivo sin la perspectiva literaria, porque no la tengo y aún con ella, no lo haría, pues acá se trata de ustedes y el poeta en una simbiosis que compromete compañerismo ante todo por encima de cualquier formalidad y cualquier vana pretensión de mi parte de poner flores donde nacen silvestres y en abundancia generosa.
Así que entonces leí la obra a presentar y vaya que al ver a los maestros que a lo largo de la vida poética de Antonio Acevedo lo han venido presentando, el referente me resultó altísimo, como altísimas las pretensiones del altísimo Zeus de llegar a la altísima colina, allá donde nace la hierba púbica de la altísima deidad de los ejércitos de hormonas. Para mi caso no podía negarme a la terrenal seductora propuesta del hermano en la palabra.
Sin perder la costumbre de abogado, abrí el libro en la última página, un poco para medir la distancia que habría entre la dedicatoria que mi presentado me hiciera en su libro y la Colombia de remate, como de remate pareciera estarlo de verdad! Al terminar la lectura, en la página 64 que acabo de referirles, encontré un frío texto, que obviamente no era del autor, en lugar de folio, se me antojo estar ante una fría lápida que notificaba:
“Se terminó de imprimir…”
Me dije luego de trasegar por los comentarios de los maestros que referiré, debo esculpir sobre la tabla rasa de la hoja en blanco, algo sencillo, modesto y no algo tan subliminal como lo que han dicho quienes le han ensayado.
Ni por los codos me alcanzaría el aliento para caminar al ton y son de los maestros eruditos de semblanzas en contexto literario, filosófico, el Olimpo es alto y no soy escalador, por eso quise escribir entonces desde la superficie del fango, donde he visto la amargura cotidiana, pero también levantarse la flor de loto.
Comencé por contrariar la lapidaria sentencia del fin para recomponer diciendo “Se ha comenzado a imprimir”, por siempre sí, en la piel sensible de tantos quienes han abierto, abrimos y abrirán sus páginas tantas extasiadas y repetidas veces, como se siguen abriendo las columnas que sostienen el templo hermoso de la libido, para recibir en su fecundo grial, orgasmos infinitos de plumas erectas que preñan eternamente a la diosa Afrodita, para que ella siga pariendo poesía hasta el final de los tiempos:
A ti, cuyo trono brilla lleno de colores
Inmortal Afrodita hija de Zeus
(Safo de Lesbos citado por Anastassia)
Los maestros dan cuenta de la rebeldía de la poesía actual que no se deja encarcelar con medidas ni rimados sonsonetes como diría Guillermo Jurado, al presentar Atlántica de Antonio Acevedo Linares. Cada uno a su manera evidencia al maestro:
Sus versos vuelan libres y espontáneos como las flechas de Eros. (Anastassia Espinel)
Su discurso poético no se detiene en la apariencia del estilo, de la imaginería, de la epidermis corporal de las palabras y las frases sino que penetra al problema no resuelto de ésta sociedad de la plena realización de los cuerpos en tránsito hacia la conquista de la autodeterminación liberadora. (Hugo Caicedo Borrero)
Poesía pura de buena calidad, escrita con sentimiento y emoción pero también con talento e inteligencia creadora. (Guillermo Reyes Jurado)
Antonio Acevedo Linares, poeta, ha constituido un mundo propio que ha integrado a un país que él ve así y que el lector lo recrea. Considero que esa es la poesía (Miguel Ángel Pérez O)
Poesía de estirpe intimista y solitaria que se desgaja como una conversación anónima que flota en los vapores de la tarde y en las penumbras de la casa… (Claudio Anaya Lizarazo)
Antonio hace del verso matizándolo con los pespuntes líricos y la atmósfera filosófica latente en muchos de sus poemas... (José Ortega Moreno)
y acaso una de las opiniones que más me dio tranquilidad:
Atiende su inclinación hacia la necesidad de que la poesía no sea mera evasión, manera quizás de eludir la situación social y política que vive el país (Julio Cesar Correa).
Sí, eso mismo veo en el alma del poeta ausente ahora de los escenarios del activismo político alternativo, que no por ello capaz de seguir proponiendo desde la propuesta reflexiva de la palabra, como en su poema Poesía y armas.
Yo maestro siento por igual y le pido un poquito de su bello momento para decir al unísono desde mi propia poética que es coincidente en la palabra y en los destino: dije en uno de mis poemas concluyendo…
Mi pluma es mi fusil
y tu mi liberación
Aquí quiero decir con tono mío que el maestro Antonio Acevedo tiene su propio fantasma de pelo corto, sin barba, que vaga por oficinas y registros, es tanta la fuerza en el compromiso de aportar al evangelio humanitario, en lo que he dado en llamar la misión de la palabra libre y liberadora para redimir a la humanidad. Palabra y humanidad. Palabra y cuerpo necesitado de libertad, en el decir de nuestro poeta.
Pienso que por ello, ese fantasma no es que niegue al poeta que mira a los árboles y a las mujeres con los ojos de ternura y aniversario; creo más bien que es el salto que Antonio da y que algunos tarde que temprano daremos para dar paso a nuevos ímpetus libertarios, no somos fantasmas, pero como ellos ahuyentamos, para el caso, a la nueva generación, negándole los espacios para que ella termine la tarea que nosotros por debatir si los ángeles tenían sexo o no, dejamos a la vera del camino.
Tu poesía Antonio como un fantasma ese sí cierto, convocante y bueno, va como el espíritu comunero que nos reunió en el Segundo Encuentro de Escritores que acaba de terminar el 22 de Noviembre, lleno de espíritu de rebeldía que se posa sobre los muchachos para recordarles que amor y pasión, serán más puros, sublimes, ciertos y perdurables como los afanes deliciosos de Afrodita eterna, cuando seamos libres, libres, libres, incluso de cuerpo y alma! Dame una gotita de espacio adicional de tu bello escenario para rematar diciendo lo que seguro haz dicho por ahí en algún poema clandestino, escrito sobre alguna piel cómplice, si es que esa no es la mismísima piel de Venus.
Comí de ti
seguía comiendo
y tu mientras tanto
me hacías alimento
arrancando de mi, frutos
caudalosos blancos
los comías y bebías con ansias, con llanto.
Luego en sobremesa
se juntaron los labios
se juntaron las manos,
los ojos, los pechos
pero sobre todo
también se juntaron
nuestros corazones con propósito listo
sabiendo que afuera hay un compromiso.
Bendije dando gracias
por el manjar suculento
y fuimos al frente
para asumir la propuesta
te miraba solo con el pensamiento
y pedía al cielo,
nos trajera de vuelta
entonces triunfante
el soberano en su gesta
nos dará para siempre
¡un lugar seguro…
para nuestra mesa!
Manténgase al poeta lejos del alcance de Hefestos… torpes que no entienden de la poesía
* Casa del Cultura Custodio García Rovira
Bucaramanga, Diciembre 10 de 2008

miércoles, 26 de noviembre de 2008

EL INTELECTUAL Y LA SOCIEDAD/ Antonio Acevedo


Por Antonio Acevedo Linares
Ponencia leída en el II encuentro de Escritores y Poetas en Santander
Nov de 2008.

El intelectual y la sociedad, esto es, el papel del intelectual en la transformación de la sociedad es un viejo debate de los años setenta, reunidos en la Habana en 1969 los poetas e intelectuales latinoamericanos, Roque Daltòn, Rene Depestre, Edmundo Desnoes, Roberto Fernández Retamar, Ambrosio Fornet y Carlos Maria Gutiérrez, debatieron el tema una noche en la casa del pintor Mariano en Cuba 1. Son célebres igualmente los debates de Oscar Collazos con Julio Cortazar y Mario Vargas Llosa 2. Pero en la Colombia actual parece recobrar vigencia ese viejo debate por las condiciones políticas y la relación entre el intelectual y la sociedad, como quiera que ya se viene señalando por parte de algunos intelectuales que no han perdido su postura critica, es decir, que mantienen en firme esa vieja idea del papel critico del intelectual o el artista en la sociedad, el intelectual o el artista como la conciencia critica de la sociedad, que la autocensura intelectual hace parte componente de la impunidad porque la intelectualidad critica ha desaparecido en los medios.

En la antigua Grecia eran los filósofos quienes ejercieron una postura critica en el marco de lo que de denominó la Paideia. En la Edad Media fueron los monjes y los sacerdotes que ejercieron el rol de celosos guardianes de la sabiduría y la verdad 3. El intelectual o el artista contemporáneo es un crítico de la barbarie, de la estupidez o de la ceguera del poder, aunque muchos intelectuales y artistas se hallan autocensurado en esta función social que les corresponde. El verdadero intelectual comprometido, viejo término que hizo parte de la polémica de los años setenta, su compromiso fundamental era pensado en términos políticos, esto es, un compromiso con el pueblo o con la ideología política que pretendía su reivindicación social, pero el verdadero compromiso era en realidad con su obra, el deber revolucionario de un escritor es escribir bien, dijo García Márquez. La obra tiene que ser una obra literaria antes que una obra política, es decir, una obra donde se resalte más la belleza estética que la ideología política, sin dejar el escritor o el poeta de tener una postura critica pero que sin que convierta en un panfleto su obra literaria.

En su dimensión crítica de la sociedad el intelectual está creando una concepción del mundo y de la vida, que será una nueva concepción de la nueva sociedad que quiere construir sobre los escombros de la sociedad vieja que quiere minar con su obra. La conciencia critica es el resultado de la inteligencia ilustrada, aunque para los años setenta esta idea era insuficiente, se hacia necesario un compromiso político del escritor porque estaba en juego era la revolución, pero las revoluciones algunas triunfaron, otras abortaron y las mas nos quedamos todos a la espera y su fracaso histórico hoy es evidente. La obra de arte no cambia la sociedad pero puede ser testigo de la transformación de una sociedad o de su estado de descomposición y sus síndromes de violencia y el intelectual no puede ser ajeno a las condiciones sociales y políticas de la sociedad de su tiempo.

“Dónde están los intelectuales en América Latina? Nuestra América actual sigue víctima de la carencia de unas voces propias, personales, testigos verdaderos y válidos, que denuncien una vez y otra vez y otra vez, la condición de masa muda, amorfa, acrítica e inconsciente, en que ha permanecido durante muchos siglos, sin que parezca posible que los llamados portavoces de la intelectualidad, quieran y sean capaces de rescatarla de ese estado. El continente sigue flagelado, anómico, aterido a complejos tercermundistas. Nuestros países siguen con la rodilla hincada en la tierra, entregando pleitesías a los viejos amos. Nuestra apoplejía tiene el tamaño de nuestra tristeza.

Continuamos engañados con espejos y sonajeros para impúberes. Los paraísos prometidos se han infartado por la deuda externa, la corrupción política y la violencia, sin posibilidades de redención. La expoliación e imposición del salvajismo tributario a favor de la banca mundial, nos está dejando sin agua, sin minerales, sin aire... Por momentos, la poesía y la lírica popular parecen una mueca trágica y fétida para los apátridas y guardianes del poder. El robo descarado de los recursos naturales de los indígenas, el hambre de los negros de Haití, la miseria de los mineros de Bolivia, la tragedia financiera de Argentina, el atraso del Perú, el caos y la carrera armamentista de Venezuela, las favelas y el sida del Brasil, la contaminación de Chile y México, la violencia de Colombia y la ignorancia de la clase dirigente de Panamá, no le importan a nadie. Menos interesan la inestabilidad política de Nicaragua, la pobreza de El Salvador y la ilegitimidad de los gobiernos.

Mientras la Comunidad Económica Europea edifica una sola Constitución, como expresión inequívoca de unidad, América Latina acrecienta su debilidad como si estuviera pagando una condena. No hay muchos progresos desde nuestra declaratoria de independencia. La desesperanza, el suicidio, el analfabetismo, la falta de oportunidades, el exilio interno y externo, la pobreza absoluta, el genocidio indígena y el terror impuesto a los campesinos, estructuran un eje ontológico en América Latina. Seguidos desplazados de todo, de lo mínimo. Nuestra mirada sigue absorta en los espejos de la ilusión. Estados Unidos sigue como un pavo real y nuestros gobiernos se arrodillan cada vez más, mientras en el interior de sus países preconizan, como filipichines, la defensa de la soberanía. El último acto de la tragedia de cinco largos siglos, es la firma del Tratado de Libre Comercio. América Latina necesita y merece un destino de grandeza y no de abyección. Nuestros intelectuales se han mantenido en cómodas dispensas burocráticas, esperando jubilaciones y canonjías del poder. No han querido asumir su papel, su condición, su ethos. Nunca se han articulado con los conflictos sociales y económicos de las mayorías. Han jugado con las cartas de la traición. Pareciera que la indigencia en las calles no existiera, que el desplazamiento campesino fuera una fábula, que la emigración y exilio por hambre y falta de oportunidades a Europa fuera un filosofema; que la marginalidad y la podredumbre que alimentan la literatura urbana fueran una elucubración metafísica y epistemológica.

Sin etiquetamientos nihilistas ni existencialistas, sin ahondar en contenidos políticos y filosóficos de la antigua Grecia o la Europa de Voltaire, Lamartine, Henry Lévy y Émile Zolá; sin recordar el caso Dreyfus, creo en el concepto de intelectual, creo en los intelectuales. La presencia de un humanismo entre nosotros es real, pero ha sido opacada por la indiferencia y la irresponsabilidad histórica y social de nuestros intelectuales. Tenemos intelectuales como Gerardo Molina, José Martí y Juan Montalvo, entre otros defensores de nuestra identidad. Pero la apatía general es abrumadora, paralizante. Prima el interés particular y no el general. La mirada egoísta sobre la mirada social. Ese silencio cómplice es parte de la colonización que nos aflige. Prometeo sigue encadenado a su propia tragedia. La intelectualidad del continente tiene la obligación de integrarse a la historia, y de asumir su responsabilidad frente al mundo, como lo escribió Jean Paul Sartre: "El intelectual no puede aislarse de la sociedad, ni la sociedad podrá explicarse sin él". Debe ser un testimonio de su tiempo y, más que eso, debe ser una aportación al progreso de la democracia y la libertad. No es desde una posición de empleómano donde se generan los grandes debates sobre el humanismo y el compromiso del intelectual. No es en la postración por décadas esperando una mesada jubilatoria como se les rinde homenaje a los episodios determinantes de la historia. No se puede renunciar al poder contestatario, no se puede claudicar en el ejercicio de las ideas.

El intelectual debe ser un productor de sociedad, un ser independiente, un testigo excepcional. Nuestra intelectualidad sufre esclerosis, catalepsia, desmemoria crónica. Basta observar el papel de nuestras universidades. Sus profesores se limitaron, como intelectuales reaccionarios, a dictar clases fementidas, en espera de una jubilación y otros privilegios hijos del sindicalismo educativo. Su contribución social y política se quedó en los pasillos de las rectorías y las elecciones universitarias a cargos directivos. La presencia de "esa intelectualidad", mucha de ella formada en el extranjero, con los recursos sabáticos del Estado, no supera las cafeterías claustrales. Esa actitud mediocre es parte esencial del derrumbe total de América Latina. No hay simposios y congresos que aglutinen pensamiento y generen controversias nacionales y continentales, no hay producción seriada de revistas, libros y periódicos que inciten la reflexión literaria y filosófica; no hay presencia de la inteligencia en los grandes medios de comunicación hablados y escritos, no hay concurrencia de pensadores europeos y norteamericanos en sus aulas. En síntesis, sólo medra la reproducción de un sistema acrítico, como profundización del malestar en la cultura. Nuestras universidades se convirtieron en multiplicadoras de tecnocracia, apuntaladas en lo económico y financiero por diplomados, algunos de los cuales enseñan la importancia del aire en la respiración. Es la indigencia elevada a categoría educativa y cognoscitiva. La garrulería. La conciencia comprada.

Hablar, por ejemplo, de los periódicos y diarios nacionales, es ahondar el abismo intelectual. Carecemos de magazines literarios y filosóficos. Ya no hay ejercicio del pensamiento. Las grandes crónicas, lo más cercano del periodismo a la buena literatura, desaparecieron. Las recetas de cocina reemplazaron a la intelligentsia; la etiqueta y el glamour, a los géneros literarios. Todo se convirtió en una simple reproducción de la estructura del establecimiento. Por su parte, las grandes cadenas de radio y televisión se dedicaron al dopaje, al más infame intento de estupidización colectiva, a partir, sobre todo, de comentaristas de circo y novelones. La intelectualidad continental no tiene radio ni televisión. Es otra de sus grandes carencias.

Un continente donde abundan las organizaciones cristianas dirigidas en su mayoría por estafadores y malabaristas, donde en cada provincia se impone la teoría crística de la resignación y el perdón, debe preocupar a los intelectuales. La multiplicación de hermenéuticas religiosas y sectas en América Latina, significa que caminamos hacia un mayor oscurantismo, hacia una mayor opresión. Tanto silencio no es ético. El resurgimiento de la Europa de las dos postguerras estuvo estrechamente ligado al trabajo de los intelectuales. La reforma, la ilustración y la revolución francesa fueron también obra de la intelectualidad. La independencia americana, la de 1810, fue otro logro de la intelligentsia. Hoy, esa intelligentsia, esa intelectualidad, es muda; y lo más preocupante, alguna de ella es parte activa, a través de revistas y medios de comunicación, de la opresión social y política de nuestros pueblos. El ejercicio del pensamiento, de las ideas, de la filosofía, de la literatura, no puede claudicar en un continente, menos en países como Colombia, donde la pretendida izquierda, la insurreccional, confundió la ideología del humanismo, del homo humanus, con el terrorismo y el acto criminal. Su carácter es absolutamente disolvente, fundamentado en la acción directa cuyo principal motor es la violencia, como en cualquier fascismo. Desde luego que "esa izquierda" tiene también sus intelectuales, fascistas por supuesto, de la misma manera que el fascismo alemán tuvo a Ernst Jünger, destacado precursor, autor del ensayo El trabajador, publicado en 1932.

El movimiento insurreccional colombiano está tratando de hacer una revolución sin doctrina, sin ideología, imponiendo la propaganda sobre la verdad, la mentira sobre la realidad, los negocios ilícitos sobre las reivindicaciones sociales, políticas, culturales y económicas. De manera que en esta nueva era de la globalización, en esta "ausencia de patria", como dijo en otro momento histórico Martín Heidegger, los intelectuales tendrán que reivindicar la existencia del continente americano. ¿Soy un intelectual? Desde luego que sí. Si el intelectual se define como el hombre académicamente educado y que trabaja en profesiones liberales, soy un intelectual y asumo de manera responsable el deber de no callar, de no ser cómplice, de alejarme de protoconceptos suprasensibles, para estar en el acá y no en el "más allá".

El Tratado de Libre Comercio en los términos planteados por Estados Unidos nos hará perder aun más la memoria, las ciudades incas y los avances astronómicos y desarrollos científicos de los aztecas. Quedaremos convertidos en un mercado cautivo para productos agrícolas y artículos a bajo precio, sin conciencia histórica, sin memoria colectiva. La intelectualidad tiene una alta cuota de responsabilidad. El interés público y la verdad no están en su dossier. Lo que importa es el olvido del ser, la negación de sí mismo, el vacío absoluto, la tartamudez y, en conclusión, la complicidad con el subdesarrollo, la dependencia, el desarraigo y la vida sin patria.

Nuestros intelectuales no se arriesgan, no proponen, no apuestan a la vida. Permanecen anestesiados por el aroma de la vida muelle y sin luchas. América reclama la presencia de los intelectuales, no de idiotas útiles como los Vargas Llosa, Apuleyo y Montaner. América pide a gritos hombres libres que digan la verdad, que orienten, que reinventen nuestra realidad desde nuestra historia. No necesitamos intelectuales que se arrodillen, que callen sus crímenes y encarcelamientos masivos por delitos de opinión, que camuflen su aterradora dictadura con propaganda de izquierda. América no puede seguir con una interpretación mitopoiética de la realidad cubana. El intelectual tiene que decir la verdad sobre Cuba, defender a su pueblo, como tiene que decir la verdad sobre la violencia colombiana: la que aturde, la que alimenta desesperanzas.

¿Dónde están los intelectuales en América Latina? La retórica colombiana se quedó hablando de Baldomero Sanín Cano, el profesor Luis López de Mesa y Hernando Valencia Goelkel. ¿Cuántas universidades tiene Colombia? ¿Cuántas facultades de filosofía, sociología, antropología, artes y literatura? ¿Dejaremos sacar todos nuestros recursos naturales para Europa y Estados Unidos? ¿Entregaremos a las futuras generaciones un desierto de hambre y desarraigo? ¿Cuántas facultades hay de medio ambiente? ¿Dónde están los intelectuales? ¿Cuáles son las propuestas de los intelectuales que formaron estas universidades frente a nuestra tragedia? Habrá que escribir una nueva "Carta sobre el humanismo" en América Latina, volviendo a Heidegger. Los intereses de nuestra realidad son opuestos a los de nuestra intelectualidad; sin duda, existe un conflicto de intereses. Los falsos intelectuales, los "perros guardianes" de que habla Paul Nizan, los enemigos del intelectual auténtico, ameritan un juicio de alcance histórico. Un verdadero intelectual fue Jean Paul Sartre, hay que reconocerlo. Su grandeza intelectual estuvo en su independencia, en su posición de izquierdista crítico y en su distanciamiento de ortodoxias como la del Partido Comunista Francés con su Iglesia y su biblia. Lo que tuvo valor para Sartre fue el interés público, la sociedad de la segunda posguerra, nunca un partido político como causa única y excluyente de otras formas del pensamiento.

La caída del Muro de Berlín, el derrumbe de la URSS, el fin por corrupción del sistema comunista albanés, el fracaso del sandinismo que insiste en imponer como caudillo a Daniel Ortega y los tanques chinos disparando contra los universitarios congregados en la Plaza de Tiananmen, indican que la democracia como participación social, inclusión, justicia y libertad, es nuestro destino. Hasta ahora, sólo hemos conocido sistemas maquiavélicos, dictaduras militares horrorosas como las del Cono Sur, democracias platónicas y estructuras excluyentes dinamizadas por la corrupción. América Latina no sabe aún qué es Democracia. Afirma Sartre: "Los intelectuales no son solamente el resultado de una decisión, sino un producto histórico y social, en el sentido en que surgen ante aquellas realidades desgarradoras que vive una sociedad y que expresan sus contradicciones. El papel activo que debe jugar el intelectual consiste, así, en no ser solamente producto de la sociedad, sino también, en ser productor de sociedad. El intelectual tiene la misión de referirse a la totalidad de lo que ha visto desde su particular punto de vista, que corresponde a su lugar de inserción en el mundo".

No se trata, pues, de clasificaciones: intelectual clásico, intelectual nuevo, intelectual reaccionario, intelectual orgánico. Se trata solamente de ser un testigo de su tiempo, como participación en la desgarradora realidad de América Latina. Asumir esa condición no significa el anhelo de la implantación en América Latina de un modelo, de un paradigma. Tomo de Sartre sus apreciaciones sobre el intelectual, de la misma manera que podría hacerlo de Umberto Eco, el francés Luis Althusser o el italiano Antonio Gramsci. Sartre pensaba que "su deber como intelectual era pensar sin ninguna restricción, incluso a riesgo de cometer errores". ¿Cuál es el papel del intelectual en América Latina en la era de la globalización? Derribar estatuas, quitar máscaras, estar al servicio del interés público, decir la verdad, vivir una práxica política de la honestidad con nuestros pueblos. El intelectual debe articularse hoy más que nunca a la actividad política, a los partidos políticos; pero en un acompañamiento altamente crítico y autocrítico. La pasividad ya no es posible. Lo posible es la participación, la construcción social y societal. En una América Latina sin liderazgos, el intelectual tiene que asumirse en una práctica política real. Controvertir el Tratado de Libre Comercio, por ejemplo, conlleva una seria participación y una juiciosa actitud intelectual. El escritor, el poeta, el filósofo, el sociólogo, el humanista, tienen que afrontar su condición de intelectual a favor de la sociedad. No es ni será jamás una equivocación filosófica ni política asumirse, apropiarse como intelectual en la sociedad. Lo detestable es renunciar a la capacidad contestataria, al ejercicio de las ideas, aceptando la propia indigencia mental y trasvasando la anomia social. La utopía no ha sido posible, sigue siendo el sueño inalcanzable de nuestros precursores. ¿Dónde están los intelectuales en América Latina en la era de la globalización?” 4.

REFERENCIAS
1. El intelectual y la sociedad. Autores varios. Siglo XXI, México, 1969.
2. Macelo Villamarin. El rol de los intelectuales en la sociedad moderna. Quito, 2004.
3. Literatura en la revolución y revolución en la literatura, Siglo XXI, España, 1975.
4. Germàn López Velásquez. El papel del intelectual en América Latina en la era de la globalización. Perú, 2008.